El marketing electoral casi mata a la Revolución

“Nada convence más que una verdad razonada”

Hugo Chávez

Para nadie es un secreto que la publicidad no es simplemente para informarnos de una novedad en el mercado o de las bondades de un producto. Ella nos persuade a comprar mayormente cosas que no necesitamos, que podrían ser sustituidas por alternativas mucho más baratas e incluso cosas que nos hacen daño. Siempre me ha llamado la atención que en nuestros pueblos en Venezuela donde las frutas literalmente se pudren en el suelo, los pobladores destinan una parte importante de su ingreso para comprar veneno para sus hijos en forma del infame refresco o el “jugo de fruta” envasado. En mi casa no tomamos ni refrescos ni jugos de fruta envasados, no porque hayamos visto muchas propagandas de frutas, sino porque estamos convencidos de que por razones económicas, médicas e incluso ideológicas es mucho mejor tomar jugos de frutas naturales o llanamente agua. Estamos convencidos racionalmente de que es una alternativa mejor, por lo que la publicidad de las bebidas no nos genera ninguna respuesta positiva.

En el reciente escenario electoral, convertimos a la Revolución en producto, al pueblo en cliente y perdimos. No podíamos ganar “vendiendo” el socialismo en el lenguaje del capitalismo, tratando al pueblo como cliente y pidiéndole que votara como revolucionario. Y por supuesto, perdimos, no podía ser de otra.

Para añadir a los océanos de críticas que llueven sobre la conducción del chavismo, agrego las mías con la esperanza de que, junto con todas la demás, contribuyan a la reconstrucción de un sólido respaldo masivo al proceso revolucionario venezolano. Aquí no me refiero al problema de fondo del agotamiento del modelo reformista y la necesidad de hacer Revolución profunda, sino más a lo comunicacional, imprescindible cuando intentamos conservar el poder mediante el mercado del voto:

  • La ausencia de Chávez comunicador: No me refiero a la nostalgia o pena por la muerte del líder, sino a su falta física y mediática como gran comunicador. Chávez destinaba horas a explicar, de manera muy racional, usando muchas veces estadísticas, por qué la Revolución era la mejor de las alternativas a pesar de las dificultades.  Por el contrario, la Revolución parece empeñada actualmente en ocultar inluso las cifras que demuestran su éxito en medio de las dificultades. Luego de la última y fugaz comparecencia del Ministro Menéndez en una entrevista en VTV en la que mostraba con cifras la reducción del desempleo y la pobreza extrema aún con la inflación aplastante, tuve que solicitar por Twitter que colgaran el video en la red para poder difundirlo porque ni siquiera en la página del canal se encontraba, y las láminas que mostró señalando los progresos en medio de la crisis nunca las he visto, ni nadie volvió ha hacer mucha referencia al asunto mientras los medios nacionales e internacionales lograron posicionar que colas para comprar = hambre y miseria. Para muestra de nuestro fracaso difundiendo éxitos, el video en YouTube al momento de escribir esto tiene menos de cien reproducciones. Compara esta vergonzosa cifra con los miles de artículos y mensajes de todo tipo que diariamente se difunden diciendo que la Revolución Bolivariana sólo produce hambre y pobreza. Además de que únicamente usamos la prédica entre conversos entre los usuarios de los canales del Estado, información imortante como esta que debiera ser vital para que un electorado consciente tome una decisión trascendente, salvo la campaña que le hicimos los espontáneos de las redes, no gozó de ninguna difusión especial, como si se temiera abordar el tema. Mucho peor es cuando la información pareciera no ser favorable a la Revolución, como la mortalidad por homicidios o la inflación, por ejemplo. La aparente reacción de desaparecerlas es lo más contraproducente que se puede hacer, ya que deja únicamente a aquellas que el antichavismo pone como ciertas sobre el tapete sin posibilidad alguna de contrastarlas. Así, se refuerza la idea de que la Revolución teme ser confrontada por los hechos (lo cual es una gigantesca negación al legado de Chávez quien como ya he dicho siempre contrastó cifras y proporcionó explicaciones racionales hasta la casi obsesión, citando constantemente estadísticas y la frase “Dios habla con las matemáticas”), pareciera una forma de decir “miremos para otro lado”, una evasión que en el chavismo toleramos muy mal. Lo correcto, lo chavista, es abordar el tema explicando de dónde venimos, dónde estamos y por qué y dónde vamos y cómo llegaremos allí. Si no comprendemos que más allá de la lloratana por la ausencia de Chávez debemos sustituir sus incomparables habilidades como comunicador con un cuerpo orgánico que de verdad comunique más allá del cliché, de la prédica entre conversos, que no se reduzca a consignas, sino que informe eficientemente dónde estamos, cómo llegamos y cómo vamos a llegar a donde queremos. Que no se nos trate como a clientes para pedir que votemos como revolucionarios. La actitud esquiva ante temas espinosos contribuyó seguramente a fortalecer la idea de que las colas eran culpa de la Revolución, o al menos, no contribuyó para nada en demostrar lo contrario.

  • Tenemos que recobrar la comunicación en lo científico y en lo racional, además de en lo emocional. El mantra de “ser fiel al legado de Chávez” no es suficiente, no puede ser tomado como comodín para manejar a la gente. Por otro lado, sumergidos en el puro lenguaje del mercadeo vamos a perder porque tenemos un pueblo que desde hace más de un siglo ha sido condicionado para responder al los señuelos del capitalismo mediante los medios de comunicación pagados y convertidos a su vez en grandes empresas. Las palabras “exitoso”, “privado”, “exclusivo”, “privilegio”, “tener”, etc. siguen dominando el pensamiento de grandes masas quienes a pesar de su propia realidad mestiza y asalariada prefieren manifestar su “solidaridad” con un multimillonario global como Lorenzo Mendoza al tiempo que desprecian a sus vecinos menos afortunados e incluso a su propia clase o etnia.

  • Es muy importante saber, comprender a fondo por qué el tema de las colas es tan estratégico en el fracaso revolucionario del 6D. El capitalismo es ganar dinero, no solucionar problemas. Las empresas no venden casas para los necesitados de hogar, vende quintas y suites para quienes la puedan pagar y ratoneras a quienes no. Es obtener el mayor beneficio con la menor inversión: para ganar dinero como capitalista puedo elegir entre hacinar a 100 familias en un edificio cobrando 10 a cada una o vendiendo un Town Hosue cobrando 1000 de una vez. Para ir al grano: durante generaciones se nos ha condicionado a amar y buscar lo “exclusivo” (que excluye), lo “privado” (que priva) y a detestar lo colectivo. Las palabras “exclusivo” y “privilegio” suelen ser los reclamos de ventas más recurridos de cualquier producto. Si vas a viajar, por ejemplo, en Primera Clase, uno de los privilegios que tienes es precisamente no hacer colas. La cola, pero sobre todo ciertas colas, se relacionan con el peor pecado que se puede cometer en el capitalismo: ser pobre, como dicen los gringos, un “perdedor”. El capital y su publicidad han hecho del afán de ser “exitoso” una fuente muy rentable vendiendo cosas no por lo que valen sino por lo que representan en términos de estatus para el comprador. A pesar de que la mayoría de los propietarios de carros pasan muchísimo tiempo metidos en ellos en interminables colas en el rudo tráfico diario de las ciudades, y muchos otros a pie en las típicas colas de los bancos venezolanos, por ejemplo, estas no son vistas como “humillantes” porque a pesar de que en verdad lo sean estamos condicionados para tolerarlas, para tomarlas como “normales” porque son parte del vivir de los privilegiados que tienen carro y plata en el banco. El pecado no es la cola, sino cuál cola. Hacer cola para comprar comida es visto como “de pobres”, por tanto, una “humillación”. No ser consciente del condicionamiento previo, es lo mismo que ser incapaz de romperlo. Eludir este tema fue otro gran error, en lugar de afrontarlo y decir por qué hacer colas puede ser un orgullo si significa que en lugar de rendirnos a la “mano invisible del mercado” y dejar que se mueran de hambre nuestros niños como en Colombia (por poner un ejemplo real), sean el signo de lucha para que siga una Revolución donde esto no suceda y tengamos educación, salud, seguridad social y soberanía, por ejemplo. Pero claro, hay ciertos factores que debían funcionar para activar el sentimiento patriota en todos los venezolanos. A diferencia de las colas del sabotaje petrolero de 2002, estas no fueron percibidas como de resistencia, sino como fracaso. No ayudó nada que no viésemos funcionarios haciendo colas y sí traficando beneficios, que las colas fueran sólo para los pendejos como decía Uslar, que el bachaqueo fuese (y aún sea, lamentablemente) una constante impune. Además, el bachaqueo hizo parecer inútil la resistencia y estúpido hacer cola, se constituyó en “la mano invisible del mercado” por otros medios. El bachaqueo no es más que el tráfico del privilegio de no hacer cola, hace que el producto esté disponible inmediatamente para ti “si lo puedes pagar”, pero si no tienes dinero debías pasar la “humillación” de hacer la cola. Nuevamente se impuso que lo chévere es ser tramposo, tanto el que bachaquea como el que le compra, y propio de pendejos hacer la cola con honestidad, ante la impunidad del bachaqueo ante las narices de la misma policía o militares. La lenidad es sin duda uno de los grandes verdugos la Revolución, porque es una debilidad de la que derivan muchos otros y perniciosos vicios. Lo mismo vale para raspadores de cupos, traficantes de carros, pensiones de vejez, teléfonos inteligentes, etc., constituidos en azotes y mortal cáncer de la fibra moral revolucionaria. Ante la lenidad y la falta de guía moral, se produce la muy amarga ironía de que los beneficios revolucionarios están hundiendo a la Revolución, convertidos en objeto de tráfico, codicia y “viveza”.

  • El marketing político “revolucionario” apeló al más puro estilo adeco de entregar beneficios sin ton ni son, desde casas a tabletas, pensiones y bolsas de alimentos; una feria, una especie de, para quienes las recuerden, hipertrofiada “romería blanca” que hacían en las calles los adecos en tiempos electorales vendiendo cerveza y comida a precios “populares”. Evidentemente eso no es “Revolución”, es puro marketing. “Regalamos” la Revolución en lugar crear darle valor y generar el deseo de mantenerla y profundizarla y el compromiso de luchar por ella. Nadie dijo que sin Revolución no hay beneficios revolucionarios, no había un Chávez explicándolo y no nos tomamos la molestia de darnos cuenta de que no es suficiente lamentar su pérdida, hay que sustituir esa gigantesca ausencia con una comunicación honesta, directa, no para clientes, sino para revolucionarios, para conscientes, no para alienados que se pueden comprar con una tableta. Si buscas comprar el voto del pueblo no te puedes arrechar porque se lo venda a otro al que considera mejor postor. Es diferente si apelas a su conciencia. Era mejor prometer “sangre sudor y lágrimas” como Churchill que el “Dios proveerá” que parece ignorar o eludir las extremas dificultades que existen y peor, que vienen. Es tiempo (aún, espero) de dejarse de pendejadas y de hablarle claramente al pueblo. Mucha gente se enteró recién anteayer del bloqueo financiero que sufre Venezuela para refinanciar su deuda desde hace más de 3 años, cuando lo mencionó el Presidente Maduro. ¿No creen que era un dato interesante para que el pueblo lo analizara antes de las elecciones, junto con todos los demás? ¿Cómo se pueden extrañar de que el pueblo no comprendiera de dónde proviene la guerra económica, quiénes son los responsables si preferimos repetir consignas? Si seguimos tratando al pueblo como niños, no nos puede extrañar que privilegie su malestar actual sobre un posible beneficio futuro. Si no estamos claros sobre qué significa la Revolución en términos de bienestar y seguridad de un pueblo, todo mal coyuntural no será percibido como sacrificio necesario y momentáneo por un bien mayor sino como castigo injusto, innecesario e injustificado. Es evidente y lamentable que la mayoría de los venezolanos tuvo esta percepción y votó en consecuencia.

  • Un producto cuyos beneficios son dudosos o nulos gasta a veces más en publicidad que en su propia fabricación. Los beneficios de la Revolución son lo suficientemente demostrables como para no tener que refugiarse detrás de un cliché, por lo que debe convencer en el terreno de lo argumental. Por eso el enemigo ideologico abandonó ese campo, porque conoce su inferioridad argumental, que la codicia no es una ideología, sabe que es imposible convencer a la gente de que es mejor quitarle a los trabajadores los beneficios, privatizar y entregar el país otra vez a intereses extranjeros. ¿Pero qué hicimos nosotros, obligarlos a regresar al terreno argumental y buscar el debate? No, al contrario, en un frenesí de soberbia ciega nos declaramos vencedores casi que por forfeit, pensando que el abandono del debate por el antichavismo era el abandono de la campaña y una declaración de derrota. Simplemente cambiaron el terreno, abandonaron el argumental y dejaron que el marketing y las colas hicieran lo suyo. Y lamentablemente, nosotros también. No podíamos sino perder. Fue su estrategia muy inteligente y la nuestra no. Ellos cambiaron y nosotros hicimos lo mismo de siempre, pero ellos ganaron porque el escenario tambien habia cambiado.

  • Ignoramos todas las advertencias de que podíamos perder. Ninguna encuesta nos daba ganadores, pero aun asi, preferimos ciegamente negarlo.La estrategia triunfalista propia de campaña electoral nos hizo comportar como tripulantes de una nave de locos que se dirige eufórica rumbo a los arrecifes. Vimos el imán mediático en la brújula, la pistola del chantaje empresarial apuntando a nuestras cabezas, la espuma en las rocas, pero no hicimos caso alguno. Yo creo que habría sido mejor señalar con valentía el riesgo de perder y lo que eso significaba en lugar de actuar según dicta el manual de campaña electoral y decir que les íbamos “a dar una pela”. No hemos naufragado aún, pero estamos encallados y necesitamos instrucciones claras, convencimiento y “espíritu de cuerpo” unitario para luchar y regresar la nave a aguas seguramente siempre tormentosas pero con rumbo revolucionario.

  • La Revolución ha sacado a millones de la pobreza, ha puesto a estudiar a otros tantos millones como nunca antes, hay más universidades y estudiantes que jamás en la historia, ¿todo eso para seguir tratando al pueblo a punta de clichés y consignas? Es una inmensa estupidez meterse en una competencia de clichés cuando nos asiste la razón y tenemos al electorado más educado de nuestra historia. No podemos seguir haciendo campaña electoral como cuando había 80% de pobreza y muy pocos podían estudiar. Ya la pobreza no es el mal de la mayoría, el nuevo bienestar trae nuevos desafíos que deben ser comprendidos por la dirigencia. Nos desgañitamos repitiendo que este es un país muy diferente al de 1998 pero la dirigencia lo trata como si fuese el mismo a la hora de las elecciones. Renunciar a la razón es renunciar a la Revolución. Dejemos de predicar entre conversos, dejemos de evitar temas, y hagamos como Chávez: salgamos con mucha pasión pero asistidos por la razón a convencer, mientras todavía tenemos oportunidad.

Aún comprendiendo y actuando en consecuencia con lo anterior y otras lecciones que podamos haber aprendido, lo responsable es, como hizo Chávez el 8 de diciembre de 2012, prepararnos para todo evento, lo que incluye prepararnos para ser oposición aunque suene duro. Pero mucho más duro va a a ser si, como en esta oportunidad, nos encontramos en un escenario sin estar preparados para él. Pero eso es otro tema. Por ahora.

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Por qué no existen revoluciones clientelares

Un oficial arenga la tropa antes de salir a la defensa del suelo patrio ante una invasión:

“¡Soldados! ¡Ha llegado el momento de defender el suelo sagrado de la Patria ante la arremetida insolente… – se interrumpe.- Dígame, sargento.

– Perdón, comandante, pero la tropa no quiere marchar

-¿Cómo que no quiere marchar?

-Es por el desayuno

-¿Qué pasa con el desayuno, no se los sirvieron?

-Sí, mi comandante… pero..

-¿Pero qué?

-No había arepa, y nosotros queríamos arepa.

El comandante suspira, medita y responde:

-Ok., hable con suministros y díganle que le resuelvan, ¿está bien?

-¡Sí gracias, mi comandante!

Continúa la arenga: -¡Es nuestro sagrado deber defender las mayores reservas petroleras del mundo para nuestros hijos…- se interrumpe otra vez. – ¿Y ahora que pasa, sargento?

-Disculpe, mi comandante, es que se nos acabó el Toddy.

-¿Y?

-Que la tropa está acostumbrada a tomarse un todicito caliente luego de la arepa antes de la marcha, pero como no hay…

El oficial mira al cielo, suspira profundamente y responde:

-¡Está bien, comuníquese ya con suministros y resuelva!

-¡Gracias, mi comandante!

El oficial, luego de algunas interrupciones similares más, logra terminar su arenga y envía a la tropa a la batalla a defender al suelo patrio. Pasado un tiempo se comunica con el sargento para enterarse de las novedades en el frente de batalla:

-¡Sargento, infórmeme el resultado de la batalla de defensa de nuestro suelo sagrado!

-¿Cuál batalla, mi comandante?

-¡Pues la defensa contra el invasor! – responde impaciente- ¿acaso no encontraron a los soldados enemigos invadiendo nuestro territorio?

-¡Sí comandante, encontramos unos soldados, pero no eran enemigos!

-¿Cómo? – responde incrédulo el oficial-

-Sí, hablaban un poco raro, pero se nos acercaron, nos dieron galleticas Oreo, mayonesa Kraft. harina PAN, cervezas POLAR… ¡y nos quedamos viendo películas y escuchando música que aquí todavía no han llegado!

-¿Así es la vaina? – responde airado el oficial- ¿Y por qué coño no me llamaron antes?”

Fin del cuento corto de la historia larga.

Por eso no existen las revoluciones clientelares. O creamos conciencia ya o entregamos todo de una vez y nos vamos al carajo como Nación.